Pintura Mexicana

Siglos XVI y XVII

Ribby Goodfellow

Antes de empezar una investigación del arte mexicano y, específicamente, la pintura de México, es digno mencionar varias palabras, etapas estilísticas, épocas fundamentales de la historia de arte, y una variedad de otros temas que nos ayudan aclarar el campo de nuestro estudio. La pintura mexicana no es un fenómeno que existe sin influencias de una pluralidad de culturas muy diversas; no podemos interpretar un cuadro de una santa católica—hecho por la capacidad y estilo de un indígena, o por lo menos de un criollo—si no enfocamos en la fusión de múltiples tradiciones culturales cuyos aspectos diversos se han combinado para producir un nuevo estándar, una nueva manera, de ver el mundo por la pintura.

En el prólogo de Influencias artísticas entre España y América, un texto didáctico importante a la comprensión del compartimiento de estilos artísticos entre el colonizador y sus colonias, José Enrique García Melero (coordinador) nos explica que “el problema fundamental de las relaciones entre las artes plásticas españolas y americanas se halla, no obstante y a pesar de su aparente claridad formal, en su misma y estricta complejidad de fondo. España trató por todos los medios posibles de implantar en sus reinos de Indias la práctica artística europea.” Aunque cuando interpretamos varias obras nos vamos a dar cuenta que lo que dice García Melero tiene razón, a pesar de que hayan varios ejemplos de pintura mexicana que van a contradecir su conclusión. En las relaciones entre España e Indias, vemos lo que podríamos llamar un continuum del intercambio de ideas artísticas que últimamente va a crear una pintura tan diversa, incorporando temas cristianas tradicionales con elementos de los indígenas. Esta combinación, en fin, es lo que da paso a la historia rica e impresionante de la pintura mexicana de los siglos XVI y XVII.


Sería buen idea empezar principalmente con las etapas más importantes de la historia de arte no sólo en Europa pero también su equivalencia americana también. En su texto conmemorativo titulado Twenty Centuries of Mexican Art, los historiadores del Museo de Arte Moderno de Nueva York junto con el gobierno mexicano elaboran algunos de las etapas más pertinentes al estudio del arte colonial de Indias. Manuel Toussaint toma control de la descripción de las etapas artísticas del siglo XVI y XVII, los cuales hay que tener en cuenta cuando profundizamos en la pintura de estos dos siglos:
El siglo XVI: La primera época del arte colonial mexicano corresponde al tiempo de la Conquista, de 1521 a mediados del siglo, en que se someten las últimas tribus levantadas en la parte central del territorio. A esa época pertenece una serie de supervivencias medievales…A la pintura corresponde una serie de ensayos ejecutados por los propios indios en escuelas que para eso organizan los religiosos, y su resultado viene a ser la decoración con pinturas al fresco de los numerosos conventos que se construyen en el país. A falta de cuadros y modelos, se copian estampas de libros religiosos grabados en madera; los frescos en blanco y negro son de carácter lineal y con frecuencia imitan, en gran escala, los trazos de los grabados en madera.


El renacimiento: La segunda etapa del arte colonial corresponde al renacimiento. Se refiere al estado social que ha abandonado ya las armas para dedicarse a la agricultura y a la labor de las minas: el conquistador se ha convertido en colono. La segunda mitado del siglo XVI y el primer tercio del XVII, es la época en que se desarrolla esta modalidad…A mediados del siglo comienzan a llegar pintores europeos; su modalidad es la misma que impera en España: sobre los grandes muros medievales, las portadas platerescas vienen a dulcificar su rudeza como una caricia…Ya desde el siglo XVI los bordadores se dedican a su artística tarea en México. Algunas de las manifestaciones indígenas de las artes suntuarias persisten, por ejemplo los maravillosos mosaicos de plumas, en que sobresalían los indígenas antes de la dominación europea. Se usan frecuentemente para hacer imágenes, para labrar ornamentos y mitras, y hasta para dibujar mapas.
Mediados del siglo XVII: A principios del siglo XVII hay un gran florecimiento pictórico en México; los artistas del siglo anterior habían dejados discípulos; a ellos se vienen a agregar otros pintores que llegan de España. El auge económico de la Colonia permite este rico apogeo de arte: las iglesias se llenan de cuadros en retablos y en muros; pasa la moda de la decoración al fresco y los claustros son cubiertos con enormes series de grandes cuadros de óleo. La Nueva España alcanza una elevación pictórica comparable con la de la Madre Patria. El criterio plástico sigue siendo el mismo; hay cuadros que a veces parecen italianos, sobre ellos esbózanse influencias flamencas, y, más tarde, una franca orientación hacia España. Pero todo este movimiento es aún plenamente renacentista: son obras clásicas en que la emoción parece estar contenida dentro de sus propios límites, por el ansia de buscar una belleza externa, sensual, casi pagana.


El Barroco. Fines del siglo XVII: Conforme el país se va desarrollando, la arquitectura toma una modalidad diversa. Subsisten elementos anteriores en calidad de supervivencias, así platerescas como góticas y mudéjares; pero el concepto interior de la arquitectura anhela ser otro; hay en ella, sobre todo, una ansia de movimiento que parece querer traducir las inquietudes del nuevo país que ha encontrado una personalidad, y así, utilizando los recursos anteriores, se produce un arte nuevo, paralelamente al que florecía en Europa: el barroco…La pintura barroca se inicia con la llegada de algunos corifeos de Zurbarán y Ribera, que traen el arte vigoroso, de fuerte claroscuro y entonaciones severas, en oposición a la pintura brillante de tendencia italiana. Pero México no podía gustar en exceso de este arte sobrio, así como no gustó de la arquitectura herreriana. Los pintores que siguen toman algunos elementos de este nuevo arte, como el vigor del claroscuro, y lo suman a las características anteriores de la pintura, más suave, más delectable y por ende más mexicana. A fines de la centuria y principios del 1700 un pequeño grupo de artistas, que había asimilado las enseñanzas de sus mayores, crea una modalidad especial y de acuerdo con los interiores recamados de ornatos. En esta pintura lo esencial es la gracia. Las figuras, no vigorosamente construídas pero sí llenas de gracia y movimiento, parecen moverse en ese fondo dorado como espíritus verdaderamente celestes. Los fondos son paisajes otoñales, dorados o azules, de países fantásticos, como si la imaginación quisiera presentarnos un mundo mejor.


El Churrigueresco: Cuando la personalidad de la Nueva España se ha desarrollado completamente, el arte barroco toma un aspecto especial que nosotros designamos con el nombre de “churrigueresco mexicano,” por más que, bien sabido es, Don José Churriguera no tuvo que ver gran cosa en el movimiento artístico que lleva su nombre. Pero la designación es cómoda y aunque sea convencional no vale la pena intentar cambiarla si todo el mundo la entiende. El churrigueresco mexicano varía esencialmente del barroco. El arte churrigueresco lo invade todo, desde los grandes templos cuyas portadas son retablos en piedra y cuyos interiores deslumbran por el oro de sus tallados, hasta el palacio, las casas y el mobiliario. En escencia, en un arte religioso, en el afán de hacer la casa de Dios no sólo lo más lujosa posible, sino como un trasunto del cielo…La pintura de la época churrigueresca se encuentra en completa decadencia. El arte churrigueresco fue esencialmente escultórico. Los retablos más audaces y más sugestivos carecen de pinturas; no presentan esas superficies que interrumpen, en cierto modo, el revuelo de los tallados. Además, el auge de la Colonia hace que se produzca una demanda excesiva de pinturas, y a esa demanda corresponde un descenso de calidad verdaderamente lamentable. Centenares de cuadros salen de los obradores de los artífices; casi todos ellos sin personalidad, sin vigor.
Lo que vemos cuando nos acercamos la historia de la pintura mexicana es que había influencias fuertes de la Madre Patria, el término que utiliza Toussaint para describir España con relación a su colonia. Pero dicho esto, no es decir que no fueran estilos nuevos, imaginados, creados, y desarrollados en México. El churrigueresco es un ejemplo perfecto del tipo de producto artístico de la época que fue un resultado del auge de proyectos que existían y su nacimiento dentro de este contexto—junto con lo que aprendemos del estilo barroco que era la gran influencia artística no sólo en México sin también en España—nos dice mucho sobre la historia del desarrollo físico de la colonia y el arte que acompañaba este aumento fenomenal. Para comprender mejor algunos detalles específicos de las varias épocas estilísticas que tenían lugar en México durante dos siglos, mencionaremos algunos términos importantes para profundizar nuestro análisis.


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